HISTORIA DE LOS RUMANOS
Ion Calafeteanu
Rumanía se encuentra ubicada en el Sureste de Europa, en el Norte de la Península Balcánica y su territorio está marcado por los Montes Cárpatos, el rio Danubio y el Mar Negro. Caracterizado por un clima templado y un marco natural diversificado, que favorece la vida, el territorio rumano fue habitado desde los más remotos tiempos. Las investigaciones realizadas por los arqueólogos rumanos en Bugiulesti, Tinutul Vâlcei, llevaron al descubrimiento de reliquias humanas datados desde el Paleolítico Inferior (aproximadamente 2 millones de años antes de Cristo - A.C.). Estos vestigios están entre los más antiguos de Europa, llevando a la luz el período durante el cual el ser humano, de hecho un humanoide en aquel entonces, recorría física y espiritualmente las etapas de la superación de su estatus de animal.
Una población humana más densa (el Homo de Neandertal) vivió hace aproximadamente 100.000 años; pero, una población relativamente estable no fue encontrada sino a partir del período del Neolítico (6000 - 5000 años A.C.).
En un cierto tiempo la población radicada en el territorio actual de Rumanía creó una cultura destacada, cuyos rostros se encuentran en las características policromáticas de la Cerámica de Cucuteni (comparable con la cerámica de algunas otras culturas importantes, en aquel entonces, de la Cuenca del Mar Mediterráneo Oriental y del Oriente Medio), así como la cultura de las estatuas Hamangia (el pensador de Hamangia es hoy mundialmente conocido).
Al principio del segundo milenio A.C., cuando la Época del Paleolítico dejaba el lugar a la Época del Bronce, las tribus dacias, de origen hindú-europea, se asentaban al lado de la población que ya vivía en la Cuenca Carpato-Balcánica. Desde los tiempos de los tracios se puede hablar de un fenómeno ininterrumpido de creación del pueblo rumano.
En la primera parte del primer milenio A.C., en la zona cárpato-danubiano-póntica, parte del Norte de una gran superficie habitada por las tribus tracias un grupo de los tracios del Norte se individualizó: se creó un mosaico de tribus getas y dacias. Estrabo - un geógrafo e historiador renombrado en la época del emperador Augustus - nos informa que los dacios tenían el mismo idioma que los getas. Al principio fue el mismo pueblo, la única diferencia entre dacios y getas siendo la zona en la cual ellos radicaban: los dacios - en gran parte, vivían en las montañas y la meseta de Transilvania; los getas - en las llanuras del Danubio. Durante la Antigüedad, los griegos, quienes fueron los primeros en encontrar a los getas, usaron este nombre para identificar a toda la población del Norte del Danubio, mientras que los romanos, quienes fueron los primeros en encontrar a los dacios, extendieron el uso de este nombre para identificar a todas las demás tribus que vivían en el territorio actual de Rumanía. Después de conquistar este territorio, los romanos crearon allí la provincia de Dacia.
Es por ello que todo el territorio de la Rumanía de hoy se llama Dacia en todas las fuentes de información del período latino y de la Edad Media.
El contacto de los geta-dacios con el mundo griego fue fácil de realizar, mediante las colonias griegas creadas a la orilla del Mar Negro de la Rumanía de hoy: Istros (Histria), fundada en el siglo VII A.C., Callatis (la Ciudad de Mangalia hoy) y Tomis (la Ciudad de Constanta hoy), las dos últimas creadas un siglo más tarde. En la historia escrita, la población del Norte del Danubio (geta) fue por primera vez mencionada por Herodoto, el "padre de la historia" (siglo IV A.C.). El nos habló sobre la campaña del rey persio Darius I en contra de los escitas de las estepas ubicadas al Norte del Póntico (año 513 A.C.). El escribió que los getas eran los mejores luchadores entre los tracios. Ellos fueron los únicos que resistieron al rey persa, en el camino entre Bósforo y el Danubio.
El rey Burebista (82 hasta aprox. 44 A.C.) logró unificar a las tribus geta-dacios por primera vez y crear de esta manera un reino fuerte y extenso, en la época en la cual el soberano dacio ofreció su apoyo a Pompei en contra de Cesar (año 48 A.C.).
Durante el primer siglo A.C., en la medida en la cual el Imperio romano se extendía y se creaban provincias romanas en Panonia, Dalmacia, Mesia y Tracia, la frontera con el Imperio Romano se extendía a lo largo de 1500 Km. y separaba el Imperio Romano del mundo dacio.
En Dobrogea, que se encontraba bajo soberanía romana desde siete siglos atrás, el poeta Publius Ovidius Naso vivió los últimos años de su vida entre griegos y getas, siendo exiliado allí, en Tomis (actual ciudad rumana de Constanza), entre 8 - 17 D.C., por orden del mismo Cesar.
Dacia alcanzó el máximo auge de su poder bajo el mando del rey Decébalo (87 - 106 D.C.). Después de una primera confrontación, durante el reinado del emperador romano Domiciano (87 - 89 D.C.), la guerra con el Imperio Romano se volvió inevitable, de tal manera que el emperador romano Trajano (98 - 117 D.C.) logró vencer a Decebal y transformar su reino en una provincia romana llamada Dacia.
La Columna de Trajano, levantada en Roma y el Mausoleo de Adamclisi (Dobrogea) cuentan este enfrentamiento militar, que fue seguido por una masiva y sistemática colonización de los nuevos territorios añadidos al Imperio.
Los dacios, a pesar de sufrir importantes pérdidas, continuaron constituir, aún después de la instalación de la nueva dirección, el elemento dominante de Dacia; la provincia sufrió un proceso de colonización complejo, su elemento fuerte siendo la imposición y la adopción definitiva del idioma latino. Los rumanos son hoy los únicos descendientes del idioma latino, junto con Francia, Italia, España, Portugal, siendo Rumanía una isla de latinidad en esa parte de Europa.
Los habitantes, tanto descendientes del Imperio Romano como de los geta-dacios, continuaron su existencia como campesinos u ovejeros, aún después de la retirada de los romanos bajo el emperador Aureliano (270 - 275), tanto del ejercito como de la administración, que fue trasladada al Sur del Danubio. Pero los antepasados de los rumanos quedaron durante unos cuantos siglos en la esfera de influencia del Imperio Romano, tanto en la política, como en la economía, religión o cultura; después de la división en dos partes del Imperio Romano, ocurrida en 395 D.C., ellos se quedaron en la esfera de influencia del Imperio Bizantino.
Ellos vivían más en el espíritu del Imperio Romano, que había decaído entretanto, y sobrevivieron al contexto difícil de las olas migratorias sucesivas.
En la época cuando la simbiosis étnico-cultural entre los dacios y los romanos había sido realizada (terminó en los siglos VI-VII, dando como resultado la formación del pueblo rumano) los dacio-romanos adoptaron el cristianismo en su expresión latina. Como consecuencia, en los siglos VI-VII, cuando el proceso de formación del pueblo rumano fue finalizado, la nación debutó en la historia como una nación cristiana. Es por esta razón que, a diferencia de las naciones vecinas que tienen fechas precisas de cristianización (los búlgaros - año 865; los serbios - 874; los polacos - 966; los eslavos orientales - 988; los húngaros - 1000), los rumanos no tienen una fecha exacta de cristianización por el hecho de que fueron la primera nación cristiana de la región.
En los siglos IV-XIII, el pueblo rumano debió hacer frente a las olas de los pueblos migratorios - godos, hunos, avaros, eslavos, cunéanos, tártaros - que atravesaron el territorio de Rumanía. Las tribus migratorias controlaron este espacio desde el punto de vista militar y político, frenando el desarrollo económico y social de los autóctonos y la formación de las entidades locales estables.
Los eslavos que se establecieron masivamente en el siglo VII al Sur del Danubio, dividieron en dos la masa compacta de los rumanos de la zona carpato- danubiana: los del Norte (dacio-rumanos) fueron separados de los del Sur, quienes se desplazaron hacía Oeste y Suroeste de la Península Balcánica (los rumanos de Macedonia, meglenorrumanos e istrorrumanos). Los eslavos se establecieron al Norte del Danubio y fueron asimilados poco a poco por el pueblo rumano y su idioma dejó rastros en el vocabulario y la fonética del idioma rumano. Encima del idioma rumano se sobrepuso el así-llamado idioma eslavo (de la misma manera como se impuso el idioma germánico a los francos).
Los rumanos pertenecientes a la religión ortodoxa adoptaron el idioma eslavón antiguo eclesiástico como un idioma de culto y empezando con los siglos XI- XVIII como un idioma señorial y cultural. El idioma eslavón nunca fue un idioma vivo, hablado por el pueblo en el territorio de Rumanía: el tuvo, para los rumanos, en cierta etapa de la Edad Media, el mismo papel que tuvo el latín en el Oeste; a principios de la época moderna, el eslavón fue reemplazado para siempre en la iglesia, en la corte y la cultura, por el rumano.
Gracias a su posición, los rumanos del Sur del Danubio fueron por primera vez mencionados en las fuentes históricas (siglo X) bajo el nombre de "valacos" o "balacos"; este nombre quería decir que ellos hablaban un idioma románico y que los pueblos no-románicos de su alrededor reconocían tal cosa. Después del año 602, los eslavos establecidos masivamente al Sur del Danubio fundaron un poderoso principado búlgaro dirigido por un zar, en el siglo IX. Aquello creó una brecha entre los rumanos del Norte del Danubio y los del Sur del Danubio.
A medida que fueron sometidos a toda clase de presiones y aislados del poderoso tronco rumano al Norte del Danubio, el número de los rumanos del Sur del Danubio disminuyó continuamente, mientras sus hermanos del Norte del Danubio, a pesar de que vivían en condiciones extremadamente difíciles, siguieron su evolución histórica como una nación distinta, la más lejana descendencia oriental del Imperio Romano.
Valaquia, Moldavia y Transilvania
A partir del siglo X, fuentes bizantinas, eslavas y húngaras y más tarde occidentales, hacen mención acerca de la existencia de las entidades estatales de la población rumana - principados y vaivodias - al principio en Transilvania y Dobrucha, luego en los siglos XII - XIII, también en los territorios del Este y Sur de los Cárpatos. Una característica especifica de la historia de los rumanos hasta la época moderna, es la que los mismos vivieron en 3 principados vecinos, pero autónomos - Valaquia, Moldavia y Transilvania.
Este fenómeno - sin duda único en Europa de la Edad Media - es extremadamente complejo. Parte de las causas tienen que ver con la esencia de la sociedad feudal pero a la vez se trata de factores específicos. Entre otros hay que mencionar la existencia de los imperios poderosos vecinos que se opusieron a la unificación de las entidades estatales rumanas que ocuparon - por un período más corto o más largo - los territorios rumanos. Por ejemplo, al Oeste, los rumanos tuvieron que enfrentarse con las políticas de conquistas llevadas por el reino húngaro. En 895, las tribus húngaras que llegaron de los territorios de Volga, dirigidas por Arpad, se establecieron en Panonia. Fueron detenidos en su avance hacia el Oeste por el emperador Otto I-o (995), de manera tal que los húngaros se detuvieron y dirigieron hacia Sureste y Este. Aquí, toparon con los rumanos.
Una crónica húngara describe el encuentro entre los mensajeros enviados por Arpad, el rey húngaro y el vaivoda Menumorut de Bihara, una ciudad en el Oeste de Transilvania. Los embajadores húngaros exigieron que se les sea entregado el territorio. La crónica conservó la respuesta llena de dignidad, dada por Menumorut; "Dígale a Arpad, duque de Hungría, su dirigente. Contentos le saldremos al encuentro, como de amigo a amigo, para darle todo lo que necesita ya que es un forastero y a un forastero le hacen falta muchas cosas. Más la tierra que reclama nunca entregaremos de buena gana, mientras estemos vivos".
Pese a la resistencia de los principados y vaivodías rumanos, los húngaros lograron en los siglos X-XII ocupar Transilvania e incorporarla al reino húngaro (hasta principios del siglo XVI, como vaivodia autónoma). Para poder fortalecer su poder en Transilvania donde los rumanos seguían siendo a lo largo de los siglos la mayor etnia, así como para defender la frontera oriental y del Sur de la vaivodia, la corona húngara recurrió a la colonización de las regiones fronterizas, con sajones y húngaros, en los siglos XII y XIII.
En el siglo XIV, junto con la decadencia de los imperios vecinos (los polacos, húngaros, tártaros) aparecieron una serie de estados feudales en el Sur y Este de la cordillera de los Cárpatos: Valaquía, bajo Basarab el I-o, alrededor del año 1360 y Moldavia, bajo Bogdan el I-o, alrededor de 1359. Los reinos de Polonia y Hungría trataron, en los siglos XIV y XV, anexar o subyugar los dos principados rumanos, sin éxito.
En la segunda mitad del siglo XIV, una nueva amenaza se sobreponía en los territorios rumanos: el Imperio Otomano. Después de pisar por primera vez tierra europea en 1354, los turcos otomanos comenzaron su rápida expansión en el continente, de manera tal que el estandarte verde del Islam ondeaba ya en el Sur del Danubio en 1396.
Solos o aliados con los países cristianos vecinos, mejor dicho con las vaivodías vecinas de los demás dos principados rumanos, los vaivodas Mircea cel Batrân de Valaquía (1384 - 1418) y Vlad Tepes (Drácula de las leyendas de la Edad Media - 1456 - 1462) así como Stefan cel Mare si Sfânt (Esteban el Grande y Santo - 1457 - 1504), vaivoda de Moldavia y Iancu de Hunedoara, vaivoda de Transilvania (1441 - 1456) libraron duras batallas de defensa en contra de los turcos otomanos, impidiéndolos expandirse hacia el centro de Europa.
Toda la Península Balcánica llegó a ser territorio turco. Constantinopla fue conquistada por Mohamed el II-o en 1453, Solimán el Magnifico conquistó la ciudad de Belgrado en 1521 y el Reino Húngaro desapareció tras la batalla de Mohaci en 1526. Consecuentemente, Valaquía y Moldavia estaban cercadas y tuvieron que reconocer el señorío del Imperio Otomano durante más de 3 siglos.
Después de la ocupación de la ciudad de Buda y tras la transformación de Hungría en bajalato, Transilvania llegó a ser principado autónomo en 1514, pero a su vez reconoció el señorío del Imperio Otomano al igual que los demás dos territorios rumanos. A diferencia de los demás pueblos del Sureste de Europa, a diferencia de los húngaros y los polacos, los rumanos fueron los únicos que conservaron la entidad estatal durante la Edad Media así como su propia política y estructuras militares y administrativas.
El tributo pagado al sultán tenía como propósito garantizar la manutención de la autonomía interna así como la protección contra otros enemigos poderosos. Valaquia y Moldavia, gozando de su propio estatuto autónomo, después de la caída del Imperio Bizantino siguieron cultivando las tradiciones culturales bizantinas y asumieron la conservación de la religión ortodoxa oriental; en su territorio, eruditas de toda la Península Balcánica, al amparo del intolerante Islam, pudieron continuar su labor sin obstáculo alguno. Ellos prepararon el renacimiento cultural de su propia nación.
El fin del siglo XVI fue dominado por la personalidad de Mihai Viteazul (Miguel el Valiente). El llegó a ser vaivoda de Valaquia en 1593 y se sumó a la Liga Cristiana - una coalición antiotomana, iniciada por el papado y el Santo Imperio Romano. Después de duras batallas (Calugareni, Giurgiu) logró reconquistar hasta la independencia de su país. En el período 1599 - 1600 por primera vez en la historia, logró la unión de todos los territorios habitados por rumanos, proclamándose "Príncipe de Valaquía, Transilvania y toda Moldavia".
La situación interna era muy complicada dado que las grandes potencias vecinas - el Imperio Otomano, Polonia y el Imperio Habsburgo le eran adversos y unieron sus fuerzas para derrocarlo; de tal manera que aquella unión fue breve y Mihai Viteazul fue asesinado en 1601. La unión lograda por el príncipe se transformó en un símbolo para la posteridad. En el siglo XVII, bajo diferentes formas y con éxitos pasajeros, otros príncipes también trataron de relanzar el ambicioso programa político de Mihai Viteazul, para formar un frente de unión antiotomana de los tres principados y restaurar la unidad de la antigua Dacia.
El fin del siglo XVII y el comienzo del XVIII trajeron cambios políticos, tanto en el centro como en el Este de Europa. El Imperio Otomano fracasó en su tentativa de conquistar Viena en 1683 y, consecuentemente, el Imperio Habsburgo empezó su expansión hacia el Sureste de Europa. El Tratado de paz austríaco-turco de Karlowitz (1699) sancionaba la anexión de Transilvania y su organización como un principado autónomo del Imperio Austríaco (desde 1765 se transformó en gran principado, dirigido por un gobernador). Polonia estaba dividida y Rusia, mediante sucesivas conquistas llegó bajo Pedro el Grande (1696 - 1725) al río Dniéster, llegando a ser de esta manera el vecino oriental de Moldavia. El ambicioso sueño de los zares de dominar el Estrecho de Bósforo y Constantinopla, ubicaban a los Principados Rumanos en el camino de la expansión rusa.
El Imperio Otomano, tratando de defender sus antiguas posiciones, introdujo en Moldavia (1711) y Valaquía (1716) " el régimen fanaríota " que duró hasta 1821 y bajo el cual la Sublime Puerta designaba en los principados príncipes griegos, reclutados de Fanar, un barrio de Estambul, considerados fieles a los turcos. Fue la época cuando el control político otomano y la explotación económica adquirió proporciones, al igual que la corrupción; pero fueron adoptadas algunas reformas sociales - como la abolición de la esclavitud - al igual que administrativas, de modernización según el modelo europeo del período del iluminismo. La autonomía interna, aunque limitada, fue conservada en los dos principados que siguieron siendo entidades distintas dentro del Imperio Otomano; esta situación fue reconocida en algunos tratados internacionales (ejemplo: el de Cuciuc Kainargi - 1784).
Ubicados en la frontera de los 3 grandes imperios y apetecidos por los tres, Valaquía y Moldavia se transformaron, durante más de 150 años, no sólo en territorios de confrontación sino también de luchas, donde los imperios, a veces, se encontraban.
Por mucho años, Austria y Rusia lucharon contra el Imperio Otomano (1710 - 1711; 1716 - 1718; 1735 -1739; 1768 - 1774; 1787 - 1792; 1806 - 1812; 1828 - 1829; 1853 - 1856): esas batallas se libraron en el territorio rumano y fueron acompañadas siempre por ocupación militar extranjera la misma que, a veces, se mantuvo durante mucho tiempo después de terminada la guerra, de tal modo que los países rumanos padecieron no sólo saqueos y pérdidas irrecuperables sino también desalojamientos de la población y amputaciones dolorosas de territorios. Por ejemplo, Austria anexó Oltenia temporalmente (1718 - 1793) así como el Norte de Moldavia, denominada Bucovina (1775 - 1918). Trás la guerra ruso-turca de 1806 – 1812, Rusia anexó la parte oriental de Moldavia, respectivamente el territorio comprendido entre los ríos Prut y Dniéster, denominado más tarde Besarabia (1812 - 1918).
Renacimiento nacional
En el siglo XVIII y a principios del siglo XIX tuvieron lugar grandes transformaciones económicas y sociales, las estructuras feudales estaban profundamente erosionadas, aparecieron las primeras empresas de tipo capitalista y, al mismo tiempo, los productos rumanos entraban, poco a poco, en el circuito oriental. La idea nacional, como en todas partes de Europa, iba a transformarse en el sueño enaltecedor de la intelectualidad y la base de los futuros planes concebidos por los políticos.
La unión de una parte del clero de Transilvania con la iglesia católica ( los greco-católicos) hecha por la casa de Habsburgo entre los años 1699 - 1701, jugó un papel importante en la emancipación de los rumanos transilvanos. Su lucha para derechos iguales con otros grupos étnicos (pese a que los rumanos representaban más del 60% de la población del principado, seguían siendo considerados "tolerados" en su propio país) fue iniciada por el obispo Inocentiu Micu-Klein y continuada por el grupo de intelectuales del movimiento "Escuela transilvana": Gheorghe Sincai, Petru Mayor, Samuel Micu, Ion Budai Deleanu. Estos eruditas comprobaron la latinidad del idioma y el pueblo rumano, aun más, comprobaron el hecho de que tuvieron una existencia ininterrumpida como población autóctona.
En virtud de esta herencia, ellos reclamaron derechos iguales con las demás naciones de Transilvania - los húngaros y los sajones. Las reivindicaciones de los rumanos de Transilvania fueron presentadas a la Corte de Viena, sobre la base de una larga petición, la así llamada Suples Libellus Valachorum (1791) que no recibió ninguna respuesta. El problema del Renacimiento de Valaquia fue expresado dentro de la Revolución dirigida por Tudor Vladimirescu (1821) que estalló al mismo tiempo que el movimiento de Grecia por la libertad.
A pesar de que las tropas otomanas y zaristas hayan ocupado los principados danubianos el mismo año, los sacrificios hechos por los rumanos llevaron a la abolición del régimen fanariota y los príncipes autóctonos fueron nuevamente instalados en los tronos de Moldavia y Valaquia. El Tratado de Paz de 1829, firmado en Adrianópolis (hoy Edirne), llevó al termino del conflicto ruso-turco de 1828-1829 que a su vez llevó al termino de la guerra de independencia sostenida por Grecia. Este Tratado debilitó mucho la dominación otomana e incrementó el protectorado de Rusia. Ahora, el comercio era libre, los cereales rumanos empezaron a penetrar en los mercados europeos.
Bajo Pavel Kiseleff, el comandante de las tropas rusas que ocupaban los dos principados rumanos (1828 - 1834) se introdujo el Reglamento Orgánico en Valaquia (1831) y en Moldavia (1832). Hasta 1859, estos reglamentos sirvieron como leyes fundamentales (constituciones) y contribuyeron a la modernización y homogeneización de las estructuras sociales, económicas, administrativas y políticas, que habían empezado en precedentes décadas.
Por consiguiente, en la primera mitad del siglo XIX, los Principados Rumanos, empezaron a distanciarse del mundo otomano oriental e imponerse en el espacio espiritual de Europa Occidental. Ideas modernas, actitudes occidentales eran más que bienvenidas en la sociedad rumana que necesitaba de un proceso irreversible de modernización. Ahora, la conciencia que todos los rumanos pertenecían a la misma nación se había generalizado y la unión en un solo estado independiente se transformó en el ideal de todos los rumanos.
La Unión y la Independencia
El viento de la revolución de 1848 sopló también sobre los principados rumanos que trajeron en el medio del escenario político un número de intelectuales destacados como Ion Eliade Radulescu, Nicolae Balcescu, Mihail Kogalniceanu, Simion Barnitiu, Avram Iancu y otros.
En Moldavia, las revueltas fueron ahogadas rápidamente mas en Valaquia, los revolucionarios dirigieron el país prácticamente desde junio hasta septiembre de 1848. En Transilvania en cambio, la revolución se prolongó hasta casi finales de 1849. Allá, los líderes húngaros se rehusaron tomar en consideración las reivindicaciones de los rumanos y lograron anexar Transilvania a Hungría, lo cual condujo a la separación de las fuerzas revolucionarias húngaras y rumanas.
El gobierno húngaro de Kossuth Lajos trató de reprimir la lucha de los rumanos pero se confrontó con la resistencia armada de los mismos en la cordillera occidental, dirigida por Avram Iancu.
A pesar de que la intervención brutal de los ejércitos otomano, zarista y habsburgo triunfó en 1848-1849, la ola de renovación a favor de las ideas democráticas se difundió en la siguiente década, en todas partes.
Rusia fue derrotada en la Guerra de Crimea (1853-1856), lo que puso nuevamente en duda el frágil equilibrio europeo. Gracias a su posición estratégica en la desembocadura del Danubio, a medida que esta vía de navegación adquiría más y más importancia para las comunicaciones europeas, durante el Congreso de paz de Paris (febrero-marzo de 1856) se planteó el problema del estatuto de los Principados Danubianos. Valaquia y Moldavia seguían bajo la soberanía otomana, pero ahora estaban emplazadas bajo la tutela colectiva de las 7 potencias que firmaban el Tratado de paz de Paris: estas potencias decidieron en aquella época reunir las asambleas locales con vistas a decidir sobre la futura organización de los dos principados.
El Tratado de Paris estipulaba asimismo: retroceder el Sur de Besarabia a Moldavia, territorio que había sido anexado a Rusia en 1812 (los condados de Cahul, Bolgrad, Ismail); libre navegación sobre el Danubio: establecimiento de una comisión europea del Danubio; estatuto neutral del Mar Negro. En 1857 fueron convocadas las Asambleas Ad-hoc en Bucarest e Iasi sobre la base de las previsiones del Congreso de Paz de Paris de 1856: todas las categorías sociales participantes en dichas asambleas decidieron en unanimidad la unión de los dos principados en un solo Estado.
El emperador francés Napoleón el III-ro apoyó tal decisión, el Imperio Otomano y Austria se opusieron, de tal manera que se convocó una nueva conferencia de las 7 potencias en Paris (mayo-agosto de 1858): en esa oportunidad, sólo algunas de las reivindicaciones de los rumanos fueron aceptadas. Pero, los rumanos eligieron el 5-17 de enero de 1859 en Moldavia y 24 de enero - 5 de febrero del mismo año en Valaquia, al coronel Alexandru Ioan Cuza, como príncipe único, realizando, de hecho, la unión de los dos principados.
El estado nacional rumano adoptó el 24 de enero - 5 de febrero de 1862 el nombre de RUMANÍA y estableció su capital en Bucarest. Asistido por Mihail Kogalniceanu, su más cercano consejero, Alexandru Ioan Cuza inició su programa de reformas que contribuyó a la modernización de la sociedad rumana y de las estructuras del estado: La ley de la laicización de los bienes monásticos - 1863, la Ley de la reforma agraria, liberando al campesinado del peso de las deudas feudales y repartiéndole tierra (1864), la Ley del código penal y la Ley de educación en cuyo principio la escuela primaria era obligatoria y gratuita (1864), la fundación de las universidades de Iasi (1860) y Bucarest (1864).
Después de la renuncia de Alexandru Ioan Cuza (1866), Carol de Hohenzollern - Sigmaringen, emparentado con la familia real de Prusia quién fuera apoyado por Napoleón III y Bismark, fue proclamado, el 10 de mayo de 1866, a raíz de un plebiscito, como príncipe dirigente de Rumanía, bajo el nombre de Carol I - ro.
La nueva Constitución, teniendo como fuente de inspiración a la de Bélgica (1831), promulgada en 1866, en vigor hasta 1923, proclama a Rumanía como una monarquía constitucional. Durante los siguientes 10 años, la lucha de los rumanos para conseguir su total independencia de estado fue parte integrante de las acciones emprendidas al lado de otros pueblos del Sureste de Europa - serbios, húngaros, montenegrinos, búlgaros, albaneses - y tenían como propósito cortar sus últimos vínculos con el Imperio Otomano.
En un marco internacional favorable - en 1865 - la crisis oriental volvió a desatarse y en 1877 empezó la guerra ruso-turca, Rumanía se declaró enteramente independiente como estado en 9-21 de mayo de 1877. El Gobierno dirigido por Ion C. Bratianu y cuyo canciller era Mihail Kogalniceanu decidió, a petición de Rusia, unirse con las fuerzas rusas que luchaban en Bulgaria. El ejército rumano, bajo el mando directo del príncipe Carol I, atravesó el Danubio y participó en el asedio de Plevna; como resultado de aquello, el ejército otomano dirigido por Osman Pasa fue cercado (el 10 de diciembre de 1877).
La independencia de Rumanía, al igual que la de Serbia y Montenegro, así como la unión de Dobrucha con Rumanía, fueron reconocidas en el Tratado ruso-turco de San Stefano (el 3 de marzo de 1878). A raíz de las presiones de las grandes potencias, tuvo lugar el Congreso de Paz (junio-julio de 1878) y en esa ocasión fue reconocido y mantenido el estatuto que Rumanía había proclamado para si misma un año antes.
Fue reestablecido, después de un largo período de dominación otomana, el derecho de Rumanía sobre Dobrucha, reincorporada a Rumanía. Pero, al mismo tiempo, Rusia violó la convención firmada el 4 de abril de 1877 y obligó a Rumanía retrocederle los condados de Besarabia del Sur, Kahul, Bolgrad e Ismail.
El 14 - 26 de marzo de 1881, Rumanía se proclamó Reino y Carol I de Hohenzollern Sigmaringen fue coronado como Rey de Rumanía. Después de haber conquistado su independencia, el Estado rumano se volvió el centro de atención de todos los rumanos que vivían en los territorios hallados aún bajo ocupación extranjera. Los rumanos de Bucovina y Besarabia se confrontaban con la política sistemática de asimilación, en el mundo alemán y ruso respectivamente. La inmigración de los extranjeros era dirigida hacia sus respectivos territorios. Los enclaves rumanos de la Península Balcánica tenían dificultades cada vez mayores frente a la política de desnacionalización. A principio del siglo XX, los rumanos eran un pueblo de más de 12 millones de habitantes, de los cuales casi la mitad se hallaba bajo dominio ajeno. En aquel tiempo, en Transilvania, los rumanos sufrían serias consecuencias del convenio mediante el cual el Estado húngaro se restauraba, después de más de 3 siglos de colapso, durante los cuales fue creada la dualidad austro-húngara (1867).
Transilvania perdió su estatuto autónomo que tuvo bajo el dominio austriaco y fue incorporada a Hungría. La legislación adoptada por el gobierno de Budapest proclamaba la existencia de una sola nacionalidad en Hungría - la húngara, destinada a destrozar desde el punto de vista étnico-cultural a las demás poblaciones, obligadas a ser húngaras. Aquello supuso la población rumana, al lado de otros grupos étnicos, a duras pruebas. En aquel entonces el Partido Nacional Rumano jugó un papel importante en cuanto a la aceptación de la identidad nacional de los rumanos; el partido fue reconocido en 1881 y actuó como promotor en la lucha para la obtención del reconocimiento de los derechos iguales para la nación rumana, así como de la oposición contra los planes de desnacionalización.
En 1892, la lucha nacional de los rumanos llegó a su cumbre dentro del Movimiento Reivindicativo. El Memorando fue concebido por los líderes rumanos de Transilvania, Ion Ratiu, Gheorghe Pop de Basesti, Eugen Brote, Vasile Lucaciu y transmitido a Viena para ser sometido a la atención del emperador Franz Iosef I. El Memorando advertía a la opinión pública europea sobre las reivindicaciones de los rumanos y la alertaba sobre la intolerancia ostentada por el Gobierno de Budapest, acerca del problema nacional.
El período 1878 -1914 fue para Rumanía uno de estabilidad y progreso. La política se enfocó en torno a dos grandes partidos: conservador (Lascar Catargiu, Petre Carp, Gheorghe Grigore Cantacuzino, Titu Maiorescu) y liberal (Ion C. Bratianu, Dimitrie Sturza, Ion I.C. Bratianu). Ellos llegaron al poder alternativamente, una cosa especifica para el comportamiento político de aquella época. La política expansionista de Rusia indujo a Rumanía a firmar, en 1883, secretamente, un tratado de alianza con Austria, Hungría, Alemania e Italia; el tratado fue renovado periódicamente hasta la primera guerra mundial. Después de quedarse neutral, en la primera guerra balcánica (1912-1913), Rumanía formó alianza con Grecia, Serbia, Montenegro y Turquía contra Bulgaria, en la segunda guerra balcánica. La paz de Bucarest (1913) marcó el fin del conflicto y mencionaba que el Sur de Dobrucha - Cuadrilátero (los condados Durostar y Silistra) iba a formar parte de Rumanía.
En agosto de 1914, cuando estalló la primera guerra mundial, Rumanía declaró su neutralidad. Dos años después, el 14 - 27 de agosto de 1916, Rumanía se sumó a los Aliados que le prometieron apoyo para lograr su unidad nacional. El Gobierno dirigido por Ion I.C.Bratianu declaró la guerra a Austro-Hungría.
Después del primer éxito, el ejercito rumano fue obligado a abandonar parte del país, inclusive Bucarest, la capital, y a retirarse en Moldavia, debido a la ofensiva unida de los ejércitos de Transilvania dirigidos por el General von Falkenheyn y los de Bulgaria, dirigidos por el Mariscal von Makensen. En el verano de 1917, en las grandes batallas de Marasesti, Marasti y Oituz, los rumanos repelieron el intento de las potencias centrales de defenderse y sacar a Rumanía de la guerra, apoderándose del resto de su territorio.
La situación, sin embargo cambió completamente después de la Revolución de 1917 en Rusia y la paz firmada en Brest - Litovsk (el 3 de marzo de 1918), lo que atrajo el fin de las operaciones militares en el frente oriental.
Rumanía se vio obligada a seguir los pasos de su aliado, Rusia, ya que en el frente de Moldavia las tropas rumanas se intercalaban con los rusos y resultaba imposible que la lucha continuara en una zona del frente y la paz se instalara en otra. Separándose de sus aliados occidentales, Rumanía fue obligada a firmar el Tratado de Paz de Bucarest con las potencias centrales (24 de abril - 7 de mayo de 1918).
El procedimiento de ratificación no fue, sin embargo, nunca llevado a buen fin, de manera tal que legalmente el tratado nunca funcionó; de hecho, a finales de octubre de 1918, Rumanía denunció el tratado y volvió a entrar en la guerra.
El derecho de los pueblos a autodeterminación triunfó al termino de la primera guerra mundial, lo que ayudó a las causas de los rumanos que vivían en los imperios zarista y austro-húngaro. El colapso del régimen zarista y el reconocimiento por el gobierno soviético del derecho a autodeterminación, permitió a los rumanos de Besarabia expresar libremente mediante su voto en el marco del órgano nacional representativo - el Parlamento del país convocado en Chisinau - la voluntad de unirse con Rumanía (27 de marzo - 9 de abril de 1918). La caída de la monarquía habsburga en el otoño de 1918, hizo posible para las naciones halladas bajo la opresión austro-húngara, su emancipación. Del 15 al 28 de noviembre de 1918 el Consejo Nacional de Bucovina votó en Cernauti la unión de esa provincia con Rumanía.
La Asamblea Nacional de Transilvania, reunida en Alba Iulia el 1 de diciembre de 1918, votó en presencia de más de 100.000 delegados, la unión de Transilvania y Banato con Rumanía. De esta manera, en enero de 1918, cuando fue inaugurada en Paris la conferencia de paz, la unión de todos los rumanos en un solo Estado era un hecho plenamente cumplido.
Los tratados internacionales de paz de 1919 - 1920, firmados en Neuilly, Saint Germain, Trianon y Paris, establecían las nuevas relaciones europeas y confirmaban a la vez la unión de las provincias habitadas por rumanos en un solo Estado (295.042 Km. cuadrados y una población de 15,5 millones).
Se introdujo el voto universal (1918), se adoptó la nueva Constitución - una de las más democráticas del continente - (1923) lo que creó un marco democrático general y pavimentó el camino hacia un desarrollo económico rápido (la producción industrial aumentó dos veces en el período (1923 - 1938). Con sus 7,2 millones de barriles de crudo extraídos en 1937, Rumanía era el segundo productor europeo y ocupaba el séptimo lugar en el mundo. El ingreso nacional per capita en 1938 llegaba a 97 dólares, comparado con el de Grecia (76), Portugal (81), Checoslovaquia (141) y Francia (246).
En lo político, habían varios partidos en competencia. El Gobierno, a lo largo de los años, fue controlado por unos cuantos de estos: El Partido del Pueblo (Alexandru Averescu), El Partido Nacional Liberal (Ion I.C.Bratianu, I.G.Duca, Gheorghe Tatarascu), El Partido Nacional Campesino (Iuliu Maniu). El Partido Comunista Rumano, fundado en 1921 que contaba con un numero insignificante de miembros, fue prohibido en 1924. La Guardia de Hierro, un movimiento extremista del ala nacionalista de derecha, fundada por Corneliu Zelea Codreanu en 1927 fue asimismo exiliado. En 1930, Carol II, cambió de parecer acerca de su previa decisión de abdicar y depuso a su hijo menor Miguel (coronado como rey en 1927) y se apoderó del trono. Ocho años más tarde el instauraba su propia dictadura (1938 - 1940).
Los objetivos de política exterior en el período ínter bélico, cuando Nicolae Titulescu jugó un papel mayor, estaban dirigidos hacia el mantenimiento del status-quo territorial mediante alianzas regionales, apoyando la Liga de Naciones y la política de seguridad colectiva y promoviendo una estrecha cooperación con las democracias occidentales - Francia e Inglaterra.
Conjuntamente con Checoslovaquia y Yugoslavia, Rumanía fundó la Pequeña Entente en 1920 - 1921 y realizó en 1934 una nueva organización de seguridad regional - La Entente Balcánica al lado de Yugoslavia, Grecia y Turquía.
En la medida en cual el nazismo en Alemania alcanzaba el auge, ese país, conjuntamente con Italia, apoyaba las reivindicaciones revisionistas de los Estados vecinos de Rumanía; la política de la fuerza tuvo éxito en el continente, lo que llevó al Anschluss, el Pacto de Munich (1938) de separación de Checoslavaquia (1939). Tuvo lugar un acercamiento entre la Unión Soviética y el Tercer Reich; todo aquello condujo al aislamiento internacional de Rumanía. El Pacto Ribentropp - Molotov (23 de agosto de 1939) estipulaba en un protocolo secreto los intereses soviéticos en los países bálticos, Este de Polonia y Besarabia.
Cuando estalló la segunda guerra mundial, Rumanía hizo pública su neutralidad (el 6 de septiembre de 1939). Sin embargo apoyó a Polonia (facilitó el tránsito del tesoro del Banco Nacional y garantizó el asilo al presidente polaco y a su Gobierno). Las derrotas sufridas por Francia y Gran Bretaña en 1940 dieron lugar a una situación dramática para Rumanía. El Gobierno soviético puso en práctica el capítulo 3 del protocolo secreto del 23 de agosto de 1939 y forzó a Rumanía, mediante el ultimátum del 26 y 28 de junio de 1940, ceder no sólo la Besarabia sino también el Norte de Bucovina y los territorios de Herta (los últimos dos nunca pertenecieron a Rusia). En base al tratado de Viena - de hecho, un dictado - (el 30 de agosto de 1940), Alemania e Italia le cedieron a Hungría el Noreste de Transilvania donde la mayoría de la población era rumana. A raíz de las conversaciones rumano-búlgaras de Craiova, el 7 de septiembre de 1940 se firmó un tratado mediante el cual el Sur de Dobrucha (El Cuadrilátero) se cedía a Bulgaria.
La grave crisis del verano del año 1940 llevó a la abdicación del rey Carol II a favor de su hijo Miguel I (el 6 de septiembre de 1940); al mismo tiempo llevó a la toma del Gobierno por el general Ion Antonescu (el mismo que llegó a ser mariscal en octubre de 1941). En un esfuerzo de recibir el apoyo de Alemania e Italia, Ion Antonescu atrajo a la gobernación al movimiento Guardia de Hierro. El movimiento, mediante la rebelión del 21-23 de enero de 1941, trató de apoderarse de todo el gobierno, por lo que fue apartado de la política.
Con el deseo de recuperar los territorios perdidos en 1940, Ion Antonescu participó, al lado de Alemania, en la guerra contra la Unión Soviética (1941 - 1944). Las derrotas sufridas por las potencias del Eje llevaron, después de 1942, al incremento de los propósitos del régimen Antonescu y de la oposición democrática (Iuliu Maniu, C.I.C. Bratianu) de sacar a Rumanía de la alianza con Alemania. El 23 de agosto de 1944, el mariscal Antonescu fue arrestado por orden de Rey Miguel I. El nuevo gobierno, integrado por militares y tecnócratas, le declaró la guerra a Alemania (el 24 de agosto de 1944) y de esta manera Rumanía entró con todo su poderío económico y militar en la Alianza de las Naciones Unidas hasta el fin de la segunda guerra mundial en Europa. Pese a los esfuerzos humanos y económicos que Rumanía había hecho por la causa de las Naciones Unidas durante 9 meses, el Tratado de Paz de Paris (el 10 de febrero de 1947) le negaba a Rumanía el estatuto de co-beligerante y le obligaba a pagar una inmensa indemnización de guerra; sin embargo, el Tratado reconocía la retrocesión de los territorios del Noreste de Transilvania a Rumanía, mientras que Besarabia y el Norte de Bucovina quedaban anexadas a la U.R.S.S.
Las tropas soviéticas se hallaban en el territorio de Rumanía y el país fue abandonado por las potencias occidentales, al igual que los demás satélites del imperio soviético. El gobierno en su conjunto fue tomado por la fuerza por los comunistas, los partidos políticos fueron prohibidos y sus miembros perseguidos y detenidos; el Rey Miguel I fue obligado a renunciar y el mismo día fue proclamada la República Popular (el 30 de diciembre de 1947).
Se instauró la dictadura de un solo partido, basada en el control omnipotente y omnipresente y en la fuerza de represión. Las empresas industriales, los bancos y los medios de transporte fueron nacionalizados (1948), la agricultura colectivizada a la fuerza (1949 - 1962). La economía en su conjunto se desarrollaba en base a planes quinquenales, su principal objetivo siendo la industrialización de tipo estalinista.
Rumanía fue miembro fundador del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica - 1949) y del Tratado de Varsovia (1955). Con la muerte de Gheorghe Gheorghiu-Dej (1965), el líder comunista de aquella época después de la guerra, la dirección del partido, posteriormente identificada también con la del Estado, fue monopolizada por Nicolae Ceausescu. En poco tiempo el logró concentrar en sus manos (y las del clan dirigido por su esposa Elena Ceausescu) todas las riendas del poder del partido comunista y las del Estado. Rumanía se distanció de la URSS (aquello fue hecho público mediante la "Declaración" de abril de 1964); la política interna fue menos rígida y se notó cierta apertura en la política exterior (Rumanía fue el único país miembro del Tratado de Varsovia que no intervino en Checoslovaquia en 1968); todo aquello así como el capital político construido de una manera menos ortodoxa, eran usados en pro de la consolidación de la propia posición de Ceausescu, para tomar el poder dentro del partido y el Estado.
La dictadura de la familia Ceausescu, una de las más absurdas formas de gobernación totalitaria de la Europa del siglo XX basada en el culto de la personalidad que bordeaba, de hecho, lo patológico, hubo como resultado, entre otras cosas, distorsiones en la economía, deterioro de la vida social y moral, el aislamiento del país dentro de la comunidad internacional. Los recursos del país fueron abusivamente usados para la realización de unos proyectos gigantescos absurdos, inventados por la megalomanía del dictador. Aquello condujo a un descenso dramático del nivel de vida de la población y al hundimiento de la crisis del régimen. En estas condiciones, el estallido de la revuelta en Timisoara el 16 de diciembre de 1989, se expandió en todo el país y el 22 de diciembre, la dictadura fue derribada, mediante el sacrificio de más de 1.000 vidas humanas.
La Revolución rumana del 22 de diciembre de 1989
La victoria de la revolución abrió el camino hacia el restablecimiento de la democracia, del sistema político pluralista, el regreso a la economía de mercado y la reintegración del país en el espacio económico, político y cultural europeo.