MÉXICO

FOLKLORE

 

La Vivienda

La arquitectura popular rumana se caracteriza por una gran diversidad de estilos, simbiosis milenaria entre el ambiente natural geográfico, los materiales de construcción disponibles y las profesiones y experiencia específicas de los habitantes en la realización de edificios destinados a servir de casas de vivienda que, además amparan toda suerte de bienes acumulados mediante el trabajo.

En la antigua provincia de Transilvania las casas son edificios macizos erigidos sobre cimientos de piedra o ladrillo a lo largo de los cuales a veces hay, por dos o tres lados, una ancha galería abierta, soleada. Así son las casas de las aldeas de Sant (condado de Bistrita-Nasaud). Dragus (condado de Brasov) o Dumitrana (condado de Alba). Muy pintorescas son las casas de vivienda de la "Tierra de los Motsi", que se ubica en el área de los Montes Apuseni de Transilvania. Muchas casas tienen tejado puntiagudo de paja o tablillas de ripia, tres veces más alto que las paredes de madera de la casa, y de más de ciento cincuenta años de antigüedad. En el norte de Transilvania, en la comarca de Maramures, el arte de los constructores se ha materializado en la edificación de estupendas iglesias de madera, tales como las de los pueblos de Plopis, Surdesti y Dragomiresti, cuyas torres esbeltas se alzan a más de sesenta metros, y la construcción de casas de vivienda de madera macizas y de puertas monumentales de madera esculpida.

En Oltenia, comarca natal de Brâncusi que ocupa una parte del sur de Rumanía, encontramos casas altas de dos pisos, de las cuales se derivaron las famosas "cule" (casas fortificadas), de galería o terraza abierta apoyada en pilares esculpidos. Al Este de Oltenia, o sea en Muntenia, zona de planicie y campiña muy fértil, las casas son bajas, de plano desarrollado horizontalmente y tejado de hojalata reluciente.

Al Este del Danubio, en las aldeas que lindan con el río, en el Delta, o en las de las costas del Mar Negro predomina la vivienda de paredes de barro cocido al sol y largo tejado de junco o caña que descansa en pilares delgados, tras alargarse sobre una terraza angosta donde se guardan los aperos típicos de la pesca.

 

El Interior de las casas de campo

El Interior de las casas de campo se parece a menudo a una verdadera colección de museo que abarca las piezas de uso doméstico diario, confeccionadas de madera, metal, arcilla y fibras de procedencia vegetal o animal. Las piezas de mobiliario (camas altas, mesas, armarios, banquetas, escabeles de tres patas, cofres de dote) y las diversas herramientas domésticas (platos largos, ruecas de hilar, cucharas y cucharones) están pirograbadas, esculpidas o pintadas, en la mayoría de las veces predominando las formas ornamentales geométricas, dentro de las cuales la roseta solar y la imagen del árbol de la vida son muy corrientes. El color pardo rojizo del mobiliario, llevando la huella del tiempo, contrasta con la blancura de los tejidos de lino, cáñamo y algodón, así como con la policromía de los tapices y alfombras de lana colorada. Las alfombras, los manteles, toallas y servilletas, colgadas de las vigas que respaldan los techos o encima de los íconos pintados sobre vidrio o madera, los platos y las escudillas de cerámica roja, blanca o negra, esmaltada y pintada, prestan al interior de las casas campesinas una nota particular de funcionalidad, de equilibrio armonioso y refinamiento estético, creando una atmósfera única de quietud, meditación y reposo, de intimidad y hospitalidad que no se puede olvidar

 

Los Tejidos y las Trenzas

Realizados con fibras vegetales o de procedencia animal (lino, cáñamo, algodón, pelo de cabra, lana), los tejidos propiamente dichos (tapices, alfombras, manteles, toallas, servilletas, fundas, telas para la indumentaria, etc.) están completados por toda suerte de trenzas de caña y junco, hojas de mazorca, varitas de mimbre o sauce, con las cuales se confeccionan objetos de uso domésticos o piezas decorativas.

De la multitud de tejidos y trenzas que adornan el interior de las casas de campo sobresalen por su diversidad y sumo valor artístico las cubrecamas, alfombras y tapices que son ejemplos concretos de finura de la ejecución, de combinación de los colores y de imaginación en la creación de motivos decorativos.

Las cubrecamas y tapices moldavos, que representan el antiquísimo motivo del "árbol de la vida", tienen colores vivos con tonos marrones y rosados sobre un fondo azul, mientras las alfombras del Banato desarrollan una complicada decoración geométrica sobre campos amplios de rojo vivo. Una exuberante ornamentación floral y zoomórfica estilizada sutilmente o representaciones antropomórficas que representan escenas o momentos específicos de la vida diaria, corriente, sobre fondos combinados de blanco, azul y rojo destacan las alfombras de Oltenia, más allá de su uso material diario, como auténticos valores artísticos. 
 

La Cerámica

El origen de la cerámica rumana se remonta a tiempos muy lejanos. Antiguas tradiciones dacias o romanas vuelven a encontrarse en la cerámica negra, roja o blanca que se produce en más de 200 centros de alfarería diseminados sobre todo el territorio nacional: en Marginea (Bucovina), Vama (Maramures), Horezu y Oboga (Oltenia), etc. Entre estos hogares famosos por el arte de la cerámica se cuenta asimismo Corund, centro de antigua tradición que se ubica en Transilvania en una zona lindante con Moldavia y sobresale por sus creaciones propias de la población húngara que habita esta parte del país. Tazas, jarros, platos, escudillas, ollas y cántaros cumplen dos funciones: utilitaria y estética. Los esmaltes verdes, pardos o amarillos, la ornamentación geométrica, floral, zoomórfica y antropomórfica prestan a la mayor parte de los objetos de cerámica un valor artístico intrínsico, acercándolos, por la finura de la ejecución, la flexibilidad de las líneas y la proporción de los volúmenes, a las piezas clásicas de la antigua cerámica mediterránea. En las ferias que se celebran regularmente a lo largo del año, entre las cuales algunas se han vuelto famosas (la feria de los alfareros, en Sibiu), la feria de Polovragi (Olteni) o la feria de Dragaica, (condado de Buzau), así como en almacenes especializados que funcionan en todas las ciudades del país, se pueden comprar piezas de cerámica de incontestable belleza.

 

La Pintura sobre vidrio

Rumanía es uno de los pocos lugares en el mundo donde sigue conservándose un antiguo arte de gran delicadeza y refinamiento colorístico: la pintura sobre el envés del vidrio. Admirables ejemplares de los siglos 18 y 19 se pueden ver no sólo en los grandes museos y colecciones artísticas, como son el museo Brukenthal de Sibiu o el Museo de Arte de Rumanía, sino también, en las casas de los campesinos del Norte y Sur de Transilvania en las aldeas de lazu, Sibiel y Sîmbata de los condados de Alba, Sibiu y Brasov, respectivamente. Los temas de la pintura sobre vidrio, de inspiración bíblica o apócrifa, tratados de una manera llamada "ingenua" están a menudo impregnados del espíritu de la creación folklórica, de patente colorido local, que va hasta la autenticidad del documento etnográfico propiamente dicho. Los artistas plásticos contemporáneos, adoptando la técnica y el modo de trabajo de los viejos pintores de íconos, han realizado pinturas sobre vidrio con temas inspirados en la vida actual del pueblo rumano, obras cuyo valor está certificado por su inclusión en las colecciones permanentes de algunos museos prestigiosos del país y del extranjero.

 

El Traje Popular

Con justa razón el traje popular rumano ha sido a veces relacionado con el de los dacios representados en la Columna Trajana, o con las representaciones de los frescos que engalanan las iglesias y los monasterios fundados por los vaivodas de la Edad Media. El traje varonil como el femenil, confeccionados de materiales ligeros de lino, cáñamo, lana o seda natural, se caracterizan por el color blanco de los tejidos y el corte sencillo y funcional. Las camisas para los hombres como para las mujeres, tienen mangas anchas, bordadas con ornamentos florales o geométricos de hilos colorados, predominando el negro entre los hombres y el rojo, azul o amarillo entre las mujeres. El valor estético del traje aumenta aún más con la presencia de varias piezas complementarias que particulariza el traje popular según la zona etnográfica, la edad y el momento ceremonial o diario en que se lleva. En la provincia de Oltenia y en las zonas del Arges y de Muscel las mujeres se cubren las cabezas con pañuelos blancos, diáfanos, de seda natural fina como una tela de araña, mientras en Transilvania, Moldavia y Bucovina predominan los pañuelos de fondo negro, con o sin dibujos florales. Sobre las anchas faldas blancas, cuyo borde inferior lleva bordados discretos, las mujeres de Moldavia y las del sur de Rumanía visten una especie de mantelos de vivos colores o de tonos pálidos que armonizan con la cromática de las bluzas y los chalecos de lana o de piel de oveja. Por otra parte, en Transilvania y Banato predominan los delantales y las sayas negras o de rayas horizontales coloradas en que el juego cromático va acompañado de la alternancia sutil del espesor de las rayas y los motivos bordados con hilo dorado o plateado. En el vestuario varonil un valor estético especial tienen los anchos cinturones de cuero estampados o trenzados de cintas delgadas, como en la zona de Sibiu, los chalecos y pellicos de oveja con dibujos florales cosidos sobre un fondo blanco, con guarniciones de piel de lince o de una delgada cinta de lana negra, como las de Bucovina y Moldavia central. En Năsăud, el chaleco largo lleva anchas filas de flecos de lana colorada, mientras los jóvenes llevan sombreros engalanados de una enorme roseta hecha de plumas de pavo real.

 

La Boda Rumana

Es un espectáculo grandioso que obedece a un guión tradicional y pone en movimiento a decenas de personajes principales y secundarios, en una visión que convierte al mero espectador en convidado a la fiesta de la boda, siempre igual en su estructura y desarrollo, pero distinta en cada caso concreto. Los padres del novio y de la novia, casamenteros y casamenteras, familiares y amigos de los padres y novios, padrinos de boda, maestros cocineros y bodegueros, músicos "lautari", prácticamente todos los vecinos del pueblo toman parte de modo directo en la gran fiesta de la boda campesina. Momentos ceremoniales de suma belleza confieren a la tradición nupcial la grandeza que la destaca entre otras tradiciones propias a la vida familiar. Las amigas y los amigos de la novia y del novio empiezan con tiempo a preparar el pino de bodas o el estandarte, confeccionan el penacho y la camisa del yerno y la coronilla y el velo de la novia. En las aldeas de la tierra de Oas y en Maramures se trenzan y adornan los cabellos de la novia según un canon ancestral que requiere horas y días de trabajo paciente y minucioso, prestándole un aspecto muy pintoresco y original. Al arreglar a la novia, las muchachas le cantan coplas de despedida, haciéndole votos de felicidad para la nueva vida que se dispone a iniciar.

En la casa del yerno, éste, rodeado de sus amigos, afeita su última barba de soltero, se pone por última vez el sombrero de plumas y flores, que es propio del novio. Son momentos en que el sentimiento causado por la separación de los amigos solteros se mezcla con el júbilo de la integración a la comunidad de los hombres. El día de la boda, hacia la tarde, en las casas del novio y de la novia se reúnen los familiares y los convidados. Los jóvenes, junto a los músicos (lautari) acompañan a los padrinos rumbo a la casa del novio. Luego todos, montados a caballos adornados de fiesta y ostentando el estandarte de boda, tal como es el uso en las comarcas de Gorj, Sibiu y Suceava, o andando como en las aldeas de montañas del condado de Hunedoara, se encaminan para la casa de la novia para conducirla a la casa del novio. Todo el mundo se sienta en torno a la mesa de banquete. Los novios procuran romper en dos un gran roscón y comer conjuntamente del mismo plato y sirviéndose de una cuchara. Las mujeres preparan a la novia para acostarse. Al amanecer, los vecinos, acompañados a todo paso de los músicos (lautari) entonan a la ventana del nuevo matrimonio "la canción del albor". En el umbral aparece la joven esposa con sus cabellos prendidos en moño, sin adornos, llevando un pañuelo de cabeza, en señal de que ha ingresado dignamente en la comunidad de las mujeres honradas. La alegría y la fiesta se desencadenan otra vez, rindiendo homenaje a la joven mujer.

 

El Entierro

Si la ceremonia de la boda siempre ha sido un símbolo de la juventud que ignora la vejez, de la perpetuación de la vida sobre esta tierra, los ritos del entierro han refrendado la actitud del rumano ante la muerte.

La tradición de la velación del difunto, de la preparación de los platos de recuerdo, va acompañada de la costumbre del llanto, viejos ceremoniales que evocan la vida que llevó el difunto y la pena que sienten sus parientes y amigos. En las aldeas de Transilvania y del norte de Moldavia, de Oltenia y del Banato, cerca de las tumbas de los jóvenes solteros difuntos se plantan con gran solemnidad abetos verdes, símbolo de la juventud y logros que habían de concretarse en la vida terrenal. Pilares esculpidos, de insuperable valor artístico, se fijan en la cabecera de la tumba. Algunas veces esos pilares llevan inscripciones y dibujos que ilustran, además de la pericia del artista popular, también algo de la actitud del rumano frente a la vida y la muerte. En Maramures, el cementerio de Sapînta se ha vuelto conocido en el mundo como "el cementerio divertido", merced a la originalidad del escultor popular de madera Ion Stan Patras, quien ha cincelado dibujos y versos espirituales evocadores de los extintos. La muerte, como la vida, es una mezcla de pena y aceptación serena del correr de la vida humana.

 

La Fiesta de Año Nuevo

Con la llegada del otoño empiezan ya los preparativos para las fiestas del invierno y del año nuevo. En las tardes de los días que preceden las fiestas, grupos de jóvenes se van a las casas de los vecinos para cantar los villancicos. Grupos de adolescentes y adultos recorren la aldea llevando la duda (especie de tambor), o máscaras de "cerb" (ciervo) o "turca" (cabra); otros suelen bailar las danzas "calusar" (cabalgador) y "zorile" (albores). En algunas aldeas de los condados de Hunedoara, Sibiu, Mures y Alba, los villanciqueros llevan máscaras de ciervo o de cabra. Esta última es corriente también en Moldavia, con motivo de la noche buena. Cada moza del pueblo debe contribuir con algo al adornamiento del ciervo o de la cabra o a la confección de la vestimenta de los bailadores "calusari". Las que no lo hacen o no reciben a los villanciqueros quedan excluidas de la tertulia y las danzas, corriendo el riesgo de permanecer solteras aquel año. El villancico de los "calusari" concluye el día del Año Nuevo con un banquete precedido del "fusilamiento y entierro de la cabra", grandioso espectáculo de máscaras que parodian la ceremonia de entierro del viejo año calendario.

En vísperas del Año Nuevo por la tarde, grupos de jóvenes se van con el arado a los vecinos para hacerles votos de prosperidad y salud. Un arado adornado con ramos verdes y flores, tirado por bueyes adornados con cintas multicolores y doradas o llevado por los propios jóvenes, va a cada hacienda para trazar un surco simbólico, mientras uno de los mozos integrantes del grupo recita, sobre una melodía de "doina", coplas 

 

La Fiesta de la Primavera y del Verano

Los días empiezan a crecer en enero y los aldeanos fijan cada vez más insistentemente sus pensamientos en la preparación de los aperos para las labores de primavera. Dentro de poco los arados se irán para surcar los campos y las ovejas se encaminarán para los altos de la montaña a pacer hierba fresca.

En abril y mayo se forman los rebaños de ovejas para el pacer alpino. Los vecinos se asocian para colocar sus ovejas bajo el cuidado de unos pastores contratados para vigilarlas durante el verano. De acuerdo con un uso ancestral, se mide la leche de cada oveja del rebaño y se calcula la cantidad de queso que recibirá cada asociado. Para su purificación, las ovejas pasan por el humo del "fuego vivo", encendido mediante el frotamiento de dos palos y que no se extinguirá durante todo el año pastoril. Luego, los presentes participan en una tertulia común en la cual predominan los derivados lácteos. Seguidamente empieza la fiesta, con danzas y júbilo hasta muy entrada la noche. "Sâmbra oilor" (agrupación de las ovejas) o "Masurisul laptelui" (medición de la leche), como se llaman estos festejos populares, son actos que marcan el comienzo del año pastoril. El impresionante festival de las tradiciones primaverales que se organiza en abril en las cercanías de Resita (condado de Caras-Severin), las conocidas fiestas pastoriles "Sîmbra oilor" en Huta-Certeze (condado de Satu Mare) y la fiesta de los pastores de Sugag (condado de Sibiu) en el mes de Mayo.