¿Como nació la
leyenda de Drácula?
Ya
antes de que el personaje real que la inspiró (el vaivoda de Valaquia Vlad Tepes
"el Empalador") haya concluido su atormentada existencia en la palestra política
del siglo XV, la leyenda había cobrado cuerpo. Una primera narración, escrita en
alemán, circulaba antes del año 1476, o sea, el año de la muerte de Vlad.
Hasta fines del siglo, este cuento alemán tuvo cinco ediciones;
en
paralelo circulaba otra narración, en ruso. Cuatro siglos después, o sea en el
siglo XIX, la leyenda de Drácula se había difundido por todo el mundo.
El
fenómeno se debía a una novela de horror que publicara el irlandés Bram Stoker
en Londres, en 1897.
La novela, de extraordinario éxito, inspiró a muchos
otros autores, decenios seguidos, hasta nuestros días.
Drácula fue el héroe
de numerosos escritos y piezas de teatro, así como de un impresionante número de
películas -más de 400- al despuntar el séptimo arte. Esta popularidad del
personaje, se creó en detrimento de la realidad, sin respetar la verdad
histórica. Visto por turno: en una materia histórica de crónica a través del
gusto por lo sobrenatural en las narraciones medievales; en la literatura
moderna de género policiaco, explotando lo sensacional, la violencia y el
crimen; luego en las cintas de horror (desde el cine mudo hasta la técnica de
última hora que se usa hoy en la cinematografía). El aspecto fabuloso vino
ahogando la realidad. Los epígonos de Bram Stoker, en su deseo de superar al
maestro, hicieron hincapié en la crueldad de Drácula, atribuyéndole una larga
actividad de vampiro.
La frecuente reiteración del tema hizo de Drácula una
especie de arquetipo del vampirismo. Tan difundida llegó a ser la idea, que en
un libro publicado en 1972, en París (Raymond McNally y Radu Florescu: En busca
de Drácula) los autores se propusieron esclarecer y disociar la verdad histórica
de la afabulación de las leyendas medievales y las fantasías de los autores
modernos. Para esto, incluyeron dos capítulos explicativos referentes a la
aparición y la difusión de las supersticiones en relación con los vampiros, las
cuales preceden en el tiempo la existencia de Vlad el
Empalador.
Mencionemos primero que la forma rumana del
nombre es "Draculea". Vlad el Empalador era hijo de Vlad Dracul ("el diablo"),
príncipe de Valaquia entre 1436 y 1447. Dracul significa hoy "diablo", pero en
la Edad Media también tenía el sentido de dragón. El apodo del padre de Vlad el
Empalador se debe al hecho de que había recibido de Segismundo de Luxemburgo, la
Orden del Dragón, por lo cual el dragón llegó a aparecer en su sello personal y
en el sello oficial del reino. Vlad Dracul era hijo de Mircea el Viejo y por
línea materna, también era nieto del príncipe de Moldavia, Alejandro el Bueno
(1400-1432), pues se emparentaba con las dinastías de ambos países rumanos
mencionados. Como príncipe, mantuvo una larga y estrecha alianza política con
Ioan de Hunedoara, príncipe de Transilvania (el tercer país rumano), otra
personalidad de fama europea.
Vlad el Empalador reinó en
Valaquia desde 1456 hasta 1462. Luego, durante dos breves períodos de contadas
semanas en 1468 y en 1476. Su presencia, en un escenario que corresponde en
realidad a todo el territorio rumano, coincidió con una época de intensa presión
del Imperio otomano sobre Europa. En 1448 tuvo lugar la batalla de Kosovo, en
1453 caía Constantinopla. En la "primera línea" en la vía del peligro otomano
estaban los países rumanos; las potencias feudales de Europa venían detrás. La
inestabilidad debida a la presión otomana y a las tensiones internas explica el
hecho de que, aunque peleó casi 30 años por obtener el trono, Vlad el Empalador
reinó menos de 6 años. Pero este reinado fue memorable. La campaña que libró
contra los turcos a fines de 1461 tuvo por efecto sombrear el éxito de una
potencia en plena expansión. La fama y el miedo a este príncipe rumano eran
tales que, según relata un cronista turco, una parte de los habitantes de
Constantinopla estaban listos para abandonar la ciudad y refugiarse a Anatolia.
Pero Vlad era más que temerario: tenía sentido político y la conciencia de la
unidad nacional de los rumanos de los tres países feudales. Es así como se
explica su iniciativa político-militar de apoyar la subida al trono de Moldavia
de Esteban el Grande; fue una iniciativa de efectos perdurables, como lo
demuestra el largo reinado del brillante vaivoda moldavo, de casi 48 años (1457-
1504).
En plano interno, la atención de Vlad el Empalador
se centró en el restablecimiento del orden en el país.
Las
intervenciones extranjeras habían deteriorado la estabilidad interna,
produciendo un inquietante auge de la delincuencia. Bandoleros atacaban a la
gente en las ciudades y en los caminos que llevaban a ellas. Vlad actúa con
firmeza para liquidar este fenómeno y restablecer el orden y la seguridad de los
caminos y las ciudades. Pero imponer la ley no fue para él una meta en si: las
medidas tomadas contemplaban el progreso económico y el estimulo del comercio.
Fundador de numerosas iglesias y monasterios, desempeñó un decisivo papel en el
desarrollo de la capital de Rumania. La ciudad de Bucarest llegó a adquirir
rango de ciudad principesca gracias a él. El documento que representa la primera
atestiguación oficial de la ciudad, datado de 1459, es firmado de su puño y
letra. Vlad el Empalador no estaba preocupado en exclusividad por asuntos
militares o represivos. Pero las condiciones de la época le obligaban a
concederles suma atención. Es la manera implacable en la cual aplicaba la ley la
que explica su fama de persona cruel, visible igualmente en el apodo que se le
dio. Pero, ulteriormente, su fama resultó muy exagerada, hasta desaparecer toda
semejanza con la realidad, por la obra de ficción dedicada a Drácula. La campaña
que libró contra los turcos en 1461, en realidad un ataque por sorpresa en el
propio campamento turco, de noche, les produjo 25.000 muertos y un espanto
inimaginable. Igualmente duras fueron las represalias que mandó y realizó contra
la incursión al Sur de Transilvania, de unos pretendientes al trono de Valaquia,
que habían encontrado allí sostenedores.
El castigo que
aplicaba, en uso también en otros países, era el empalar a los malhechores y a
los enemigos del país. De modo que Vlad merecía su sobrenombre "el Empalador" ya
que este castigo era durante su reinado, como afirma el historiador C.C.
Giurescu, una realidad basada en motivos serios. No se trataba de meros
caprichos o del resultado de un temperamento impulsivo, sino que eran dictados
por razones del Estado. Los pretendientes al trono, los que violaban el orden,
los malhechores y los enemigos del exterior debían sentir que "el país era
regido por una voluntad férrea", dice el mismo C.C.
Giurescu.
Príncipe inclemente en un siglo en el que el
rigor estaba al orden del día, mas igualmente valiente, en una época en la cual
el coraje era impenosamente necesario en el servir los países rumanos, Vlad el
Empalador permanece una personalidad de primer tamaño en nuestra historia.
Su
semejanza con el personaje que inspiró a la literatura sensacional sólo es
aproximativa. Pero el haber entrado en leyenda tiene valor y significado de
símbolo.
